El tiempo se volvió más relativo que de costumbre cuando le hablé de ti y ni mi cuerpo ni mi mente pudieron detenerse.
Hoy, María, te vuelvo a escribir una carta después de aquella que te hiciera antes de tu partida a Nueva Zelanda, en un momento en el que me resignaba a alejarme de alguien que consideraba especial, de alguien que me gustaba pero que no había tenido el tiempo de conocer.
De alguna forma, los coloides que me habitan y las fernianas que descubriríamos nos estaban reservando aquella tarde regia en la que rasgué por primera vez un sentimiento que ahora entiendo mejor.
Hoy es diferente, mi espíritu te ha encontrado y no puedo decirle a mi amor que contemple desde mi vista borrosa lo que halló entre nosotros, simplemente no me puedo traicionar de ese modo, porque encima de todo lo que pueda haber a mi alrededor, es lo que más atesoro.
Por eso aquí estoy, con la banda del pueblo y esos músicos que me enseñaste que soy, con esa forma tan única que tienes de amarme, recurriendo a mi más valiosa cualidad, esa misma que tu algún día me dijiste era tu favorita por encima de mi presencia física. Vaya descaro el tuyo.
Por eso aquí estoy, con la banda del pueblo y esos músicos que me enseñaste que soy, con esa forma tan única que tienes de amarme, recurriendo a mi más valiosa cualidad, esa misma que tu algún día me dijiste era tu favorita por encima de mi presencia física. Vaya descaro el tuyo.
Cómo te explico que esto que siento hacia ti, esto que tengo contigo, esto que respiro las mañanas y las noches a tu lado, mi posibilidad de ser y compartir, de expresarme, de crear y soñar pegado a tu mirada, a tu boca y a tus brazos, esto y más es lo que me mueve hacia ti, mi amor.
Y es que entre nosotros no hay fórmulas, y es esta libre asociación de mis actos lo único que tengo para poder llegar a ti y retomar esa cordura en la que amamos enloquecer.
Aquí me tienes María, escribiéndote a pausas, entre ideas revueltas y el corazón volteado hacia mi garganta.
Aquí me tienes María, escribiéndote a pausas, entre ideas revueltas y el corazón volteado hacia mi garganta.
De pronto siento que el lenguaje no me alcanza, quisiera transportarte a tocar este instante en el que mi corazón se hincha y me dilata hacia el único Otro que complementa mi humana necesidad de ser, de soñar, de trascender, eso que me significas.
Quizá mi idea del amor también sea utópica, o tan solo es que a tu lado el sueño de hacer cualquier cosa se vuelve la realidad más firme y posible que pueda haber, lo más lógico que pueda sentir.
Quizá mi idea del amor también sea utópica, o tan solo es que a tu lado el sueño de hacer cualquier cosa se vuelve la realidad más firme y posible que pueda haber, lo más lógico que pueda sentir.
Ni Alfredo ni Nietzsche ni Dalí me comprenderán del todo cuando intente explicar que mi posibilidad de ti, de un nosotros y un yo al mismo tiempo la he encontrado a tu lado, cuando explique que tú eres la mujer cuyas manos se han tatuado en las mías, la mujer de los labios que refrescan mi espíritu, la mujer que me vuelve ese niño que habito, ese loco de la plaza que te busca todas las tardes con demencia como su más valioso tesoro. Tú eres la única que lo puede entenderlo, porque a ti te pertenezco.
Te amo, y mi amor por ti está postrado en ese lugar que habitamos más allá del bien y del mal, más allá de condiciones mundanas y efímeras, más allá de nuestros ojos que se miran en este momento, de nuestras voces que se escuchan a ciertas horas del día.
Con esto quiero decirte que todo lo podemos arreglar, que es válido lo que nos pasa pero lo es mucho más tomar esas armas intangibles y poderosas que pusimos en nuestro amor; con la única estrategia de mi lealtad y cariño, de mi nobleza infantil y mi palabra de hombre enamorado.
Se que podemos hacerlo y llegar juntos esos sueños que esperan despiertos, a esos momentos que hemos imaginado y planeado, no es coincidencia que estemos aquí, no es casualidad que tengamos algo tan valioso entre las manos, tómalo María, que te amo como a nada en el mundo.
Aquí te estará esperando tu Girondo.
Con esto quiero decirte que todo lo podemos arreglar, que es válido lo que nos pasa pero lo es mucho más tomar esas armas intangibles y poderosas que pusimos en nuestro amor; con la única estrategia de mi lealtad y cariño, de mi nobleza infantil y mi palabra de hombre enamorado.
Se que podemos hacerlo y llegar juntos esos sueños que esperan despiertos, a esos momentos que hemos imaginado y planeado, no es coincidencia que estemos aquí, no es casualidad que tengamos algo tan valioso entre las manos, tómalo María, que te amo como a nada en el mundo.
Aquí te estará esperando tu Girondo.